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Free Jazz
Posted on January 22nd, 2008 at 2:00 pm by alberto

Free Jazz
A collective improvisation by the
ORNETTE COLEMAN
DOUBLE QUARTET
Mi copia de Free Jazz es una reedición en vinilo por Atlantic que asegura un sonido de buena calidad que mi aguja no interpreta. los chirridos exhalados permiten una asociación cultural que no es sumergirse (u otro verbo que represente el acto inocente y profundamente culpable de escuchar un disco) más bien buscar las raíces de estas intenciones que son letras tratando de marcar un compás, quebrado o abyecto. En mi tornamesa (así aseguran los Liners de mi edición) se está “expresando nuestras (la de Ornette y co.) mentes y emociones tanto como los aparatos electrónicos puedan capturar”. Esta necesidad provoca el titulo de este disco, pero las necesidades están lejos de ser libres. La música es el espejo del desorden, que debería ser la única palabra sin espejo, porque las calles y los tableros de ajedrez no dicen nada sobre los caminos y menos la vida de la gente que las camina. A ratos Ornette deja entrever que “la forma del jazz porvenir” es aún la tradición del Bop para luego ceder a un quiebre de convenciones digno de la forma de la improvisación. El trabajo previo es mínimo, olvidando los años desde que estos gatos soplaban percutían y pulsaban sus instrumentos en la acera de alguna calle gringa, la figura invariable del pobre y adicto Charlie Parker. Pero el dolor no se abre paso, no hay poemas negros en este disco. Conducido sobre todo por la forma del “jazz to come”: sentimientos sensuales que no encuentran su cristalización en la forma dramática, es imposible dibujar el rostro de la mujer que me sacude su terciopelo en la entrepierna mientras estoy escuchando esto. Porque hay una mujer, y una aventura, y un dolor que es fácilmente superable por la música. Claro, me discuto a mi mismo, alguien podría decir esto si escuchase Donna Lee de Charlie Parker, y la vida de Parker todos la creímos del “El Perseguidor” de Cortázar, y Julio es un chicle, una pastosa masa que depende de su densidad y viscosidad mientras el mundo no se deshaga. Donna Lee es un festín a la velocidad de los tiempos, y el dolor de Parker es ser “Absolutamente moderno” y más allá. Sus notas dejan ver el apuro en destruirse y volverse una tonada extinta que proporcionó los dolares para el siguiente hit of sunshine. Free Jazz provoca la tensión desde la soledad de sus improvisadores, que se atisban como otra mujer en la micro o un destello que fue un gato, pero realmente solos, entonando sus melodiosos jazz to come esperando encontrarse en el infierno, donde realmente estará el jazz que pregonan. Releyendo no puedo evitar confirmar la sensación de finitud que toda la música me proporciona. Es obvio, en este acto sublime que es el sonido, el espejo del desorden, surge esa otra interpretación (por una necesidad brutal) de catalogarse en espacios arquitectónicos, encerrarse a escuchar el disco, salir a caminar escuchando el disco, escuchar el disco en el auto, escuchar el disco cuando se hace el amor, un espacio desvirtuado (ya he hablado de la virtud) que busca su forma. Es triste asumir que esta música que busca la libertad sugiere inmediatamente el espacio donde ocurre, la sala de ensayo, Ornette y co. sobre unas alfombras con diseños hindúes, los improvisadores aparecen como seres incontenidos que lloran lagrimas más saladas porque lo son en la ficción, como una antigua novela inglesa o ¿nuestro? Martín Rivas. Todos los reviews indican al sujeto de su música y su música el regalo a través del cual los blogs y yo nos exportamos. ¿Muerte al Autor? de esa forma no podríamos hacer las asociaciones que producen los placeres sinápticos que luego forman el dialogo en las fiestas y la sobremesa. En “La vida está en otra parte” de Kundera el Autor sugiere que la verdadera libertad no existe, porque para ser verdaderamente libre sería necesario nacer sin padres, venir despojado y arrojado al mundo sin gratitud inherente. Pero este disco tiene su nombre clavado en mi imaginario, le pertenece a Ornette y ya es de tantos otros a los que le sugiere, gatos negros y blancos de Europa, Medio Oriente, Estados Unidos y Latinoamérica, gatos negros gritando a las armas a través de un micrófono y un saxo escupiendo guerilla, gatos blancos paseándose en la desolación del final del camino, con sus saxos reverberados para encontrar otra cosa que sacuda sus corazones o sus penes, gatos que lo hacen por dinero y por heroína, gatos como Ornette que marcan sus nombres con aceros hirviendo y, como una violación prematura, no podemos olvidar.
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Season of Glass (Ono Soul)
Posted on January 12th, 2008 at 9:18 pm by alberto
Persa hoy día, luego de dejar la casa de doblevé a las 10.30 de la mañana. No me hubiera ido (no en estos tiempos) de no ser por los discos. He aplazado la compra del Season of Glass de Yoko Ono ya tres oportunidades: miedo a encontrarse con la melosas melodías de John Lennon que me restituyen a un estado antipático. Mucho Beatles en este mundo y demasiado iteración de ellos en el fractal musical. Años de fonoadiccón he escuchado a los Beatles en cada singular acorde de Kraut y desde ahí para adelante. No quiero ni mencionar bandas del dos mil. Allmusic proporciona la información necesaria para el ímpetu. Season of Glass — Experimental, y en esta curiosa etapa de Sesselberg, Thollot, Ash Ra Tempel y Taj Mahal Travellers, no hay un nombre que me cosquillee más el estomago musical. Ya no hay miedo, por cinco mil pesos nadie le puede temer a un disco experimental de la Yoko Ono, excepto claro aquellos con una tendencia marcada al desorden producto de una temprana liberación infantil juvenil, evasión de responsabilidades, aquellos que necesitan la marcialidad ahora in his 20’s porque los padres nunca les apretaron el cinturón intelectual. Yo no. Yo crecí con el cinturón dos centímetros por debajo de mi piel. Yo tuve miedo la primera vez que realicé una resta que me dio un número negativo, en 2do o 3ro básico, o por lo que a mi respecta quizá antes, miedo a eso diferente que no se me había enseñado y estaba fuera, dos centímetros fuera de mi potencial. Ahora esta música, para quebrar los ordenes, flagelar las sinapsis, concretar el trabajo que empezó la marihuana años atrás. 5 mil pesos Season of Glass, 7 mil pesos Phallus Dei de Amon Duul II, 8 mil pesos el Mekanik Destruktiw Kommandoh de Magma. Quien iba a pesar que estos discos habitaban el Persa. Mientras reviso una serie de Lp’s de Robert Plant y Electric Light Orchestra encuentro uno de Carla Bley con su mejor pinta Madonna Minongue. Fusión me explican. No me gusta el fusión, demasiado Coleman y Coltrane como para que me guste el fusión. Pero eso es hoy. Revisando el Lyric Sheet escucho “Amon Duul”, el NWW radar se prende de inmediato, como cuando otrora escuchaba algún comentario sobre animación japonesa. Sí, este tipo no es como los de tres puestos más allá que parecen saber de Maiden y de los Beatles y solo de ellos. (de todas formas agradezco que me hayan prevenido al querer comprarlo que el Sticky Fingers de los Rolling Stones era una edición peruana de crappy sound — Caballos Salvajes — a quién se le puede ocurrir traducir esos nombres). Y después revisando los Cd´s, porque el tipo de Amon Duul tiene en vinilo, a una mirada inocente como la que me está iniciando (de esto me arrepiento ahora, para los próximos textos he idas al Persa), puras chuchería progresivas o malamente poperas que incluyen desde Whitesnake a Kitaro, pero en Cd una colección increíble, harto Pysch Folk, dos discos de Magma uno que ahora poseo yo y varias iteraciones de lo que en Providencia encuentras por 12 a 19 mil “módicos” pesos. De vuelta al hogar el auto en el estacionamiento 45 grados centígrados sensación térmica de 50 grados centígrados en la primera propulsión de aire del acondicionado. Mala señal para un vinilo tan delgado como en del Yoko Ono. Manejo de vuelta por las malogradas calles con el vinilo en mi pecho, tomando muy mal las curvas para no estropearlo, viéndome probablemente muy ridículo. Todo mientras escucho el de Magma, que le va otorgando la epicidad necesaria a una mañana ordinaria de sábado, con todas las cosas que pienso y dejo de sentir por el afán de comprarme discos. Voces femeninas corales, el ocasional punteo psychprogfolkjazz que me disipa los signos pare y las luces roja y me pone más cerca de la muerte, o de la ley. Pero en este momento la ley es escuchar música, ya ni siquiera escucharla, algo menos complejo que poner las orejas, una reacción química. Llego a mi casa y pincho el de la Yoko Ono mientras abro todas las ventanas que ayer dejé cerradas para ir a la casa de doblevé. Un olor un poco rancio, quizá una torta (5 de enero) un poco podrida. El viento empieza a circular mientras la aguja suelta los primeros chirridos de estática. Luego, un acorde que recuerda una muerte. Luego, una voz que recuerda el docu de Fred Frith. Luego, una lírica que es una iteración. Allmusic reafirma la sensación de la información flagelada, no podemos fiarnos de nada. Estoy escuchando un disco de Yoko Ono que tiene exactamente los acordes melosos que me ahuyentaban de él. Y me gusta.

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