DIG
Posted on June 3rd, 2009 at 12:56 am by Winifrede Walbaum

Ondi Timoner’s wildly entertaining documentary tells a familiar rock n’ roll tale, one filled with crazy nights, substance abuse, out-of-control parties, temper tantrums, art-versus-commerce debates, “musical differences,” onstage fights, and smashed sitars. What makes DIG! so electrifying is that you see it all unfold in front of the cameras, as Timoner follows the highs and lows of two bands — the Brian Jonestown Massacre and the Dandy Warhols — over the course of seven years. http://topdocumentaryfilms.com/dig/

Solo véalo.





No me pasa na porque voy con Dios
Posted on June 2nd, 2009 at 9:52 pm by Winifrede Walbaum

Hace tiempo que no me miro pilucha en un espejo. Adivino por la sensación de estar vestida, que estoy harto más gorda. Mis pantalones favoritos ya no están a la moda, se rompieron entre medio de las piernas y le cuelgan unas hilachas bastante ordinarias. Si tuviera plata para comprarme unos nuevos, probablemente me quedaría un rato pensando en la posibilidad de seguir usando los mismos y gastarme la plata en camarones, sushi o ese tipo de cosas. En la ciudad de la moda me gusta más la comida y prepararla se ha convertido en algo que disfruto inmensamente. El pollo hay que dejarlo dos horas en el horno para que quede jugoso, los ravioles se cocinan hasta dos minutos después de que flotan. Las gyosas se tuestan y luego se cocinan al vapor. Si no tengo olla de bambú, lo hago con una normal y un colador. Aquí las humitas vienen envueltas en una empanada y hay supermercados en que te venden las bolsas. Hay que ir con un bolso aparte para no caer en el timo, pero fuera de eso, todo es harto más barato. En la ciudad de la moda, los tacos los uso dentro de la casa y a comprar voy corriendo, repitiendo en mi mente, “no me pasa na porque voy con Dios”.





El Asalto
Posted on May 28th, 2009 at 4:42 am by Winifrede Walbaum

Happiness is a warm gun (alcance de nombres)

Desde que estoy en Buenos Aires no he escrito mucho. Probablemente me dedico más a pensar que a pensar y escribirlo en ese mismo instante. Lo cierto es que he tenido miles de cosas que escribir. Las pienso y las pienso y puedo decir que este no solo ha sido un viaje a otro país, sino un viaje hacia adentro. Hoy queda comprobado que me cuesta salir a la calle. Comprobado que si alguien pasa corriendo por mi lado, es posible que yo tenga un ataque de pánico. Comprobado que me aterrorizan las personas. Comprobado que nunca más voy a ser la misma, porque no existe una cura milagrosa, yo lo sé. Llevo años en el optimismo de cambiar de vuelta, olvidar y qué sé yo.

Me tocó crecer o “madurar” de golpe. Junto a alguien que ya le había pasado todo menos yo. Esa es otra historia, naturalmente, pero es importante decir que me lo advirtió; Caminar con una cámara en la mano es peligroso, hay gente mala entre los buenos. Es una selva esta civilización, es una selva. Así es que me regaló un mini bolso para andarla trayendo. Mi cámara análoga zenit, con la que sacaba fotos de todo y luego al revelarlas, descubría que la cámara captaba los mismos colores que yo. Con esa cámara tuve cortes de pelos, murallas verde manzana, sensaciones por otra gente, una mejor amiga, bufandas blancas de lana y amigos en el sillón. Mis clases de fotografía habían abierto una ventana tremenda en mí y mi cámara era el camino certero entre una lista interminable de cosas que me gustaba hacer.

Todavía estudiaba periodismo y el mini bolso con la cámara adentro significaba todo lo que en mi carrera no me dejaban hacer. Cada vez que pedían algún tipo de trabajo libre, yo lograba convencer a quien fuera de hacerlo en video o fotografía. Así es como terminé caminando con una cámara en mis manos. De noche, entrevistando sin ninguna mala sensación. Cualquiera diría que antes de pasar por un momento traumático, el cerebro nos advertiría con esa sensación de mal presentimiento. Yo apostaría que somos una especie tan extraordinaria que nuestro cuerpo de alguna manera nos diría que estamos a punto de pasar por el episodio que va a marcar un antes y un después en nuestra existencia. Pero no fue así y lo único que recuerdo es querer ir a dejar la cámara para luego comprar un disquete (el pendrive todavía no era popular) Nada más que eso. Nada más que ir a otro lugar por 5 minutos. Podría haber sido una terrible sensación. Un dolor de guata, una premonición. Pero no, solo fue un segundo en el que decidimos ir directo a comprar el puto disquete. Fue tan simple como tomar una decisión; tomo el ascensor o subo por la escalera, pago en efectivo o redcompra, me abrigo más o salgo así nomás. Así de simple y así de corto fue, antes de encontrarme frente a una pistola, rezando y tiritando para que nada malo pasara.

Como dije antes, tenía que comprar el puto disquete para terminar mi trabajo de puto periodismo – carrera que ni siquiera terminé, por agregar un poco más de sinsentido a esta historia – Para llegar al cibercafé en donde era probable que lo vendieran, había que caminar por una especie de plaza entre las torres de Carlos Antúnez. Estaba oscuro, era invierno y yo caminaba segura como siempre con mi mini bolsito. Quien me acompañaba en ese entonces tenía la cámara de video en sus manos, quien me acompañaba en ese entonces me convenció de no subir a dejar la cámara (como dije, fue una cosa de segundos). Se escucha una voz detrás de nosotros que pide una moneda y en este punto debo explicar que yo era la clase de persona que siempre regala una moneda. La que desayunaba con la señora limosnera del metro salvador. La que lloraba con el borracho afuera del consultorio y oraba con él por un futuro mejor. Yo era la que se abrazaba con el vagabundo afuera de la disco en Valparaíso y escuchaba la historia de cómo llevaba siempre en el cuello la cuchara de la hija que había perdido por no poder dejar de tomar. Yo fui siempre la que dijo que quién pedía era porque no tenía y quien daba siempre iba a tener. Estaba convencida de que las personas perdían la inocencia y las ganas de salvar al mundo porque habían perdido la fe en que realmente se pudiera salvar. Y en este punto DEBO decir que yo aún no pierdo la fe y esta historia es la piedra en mi camino que me enseñó que mi destino y bueno, el resto es canción…

Escuchamos que alguien pide una moneda y quien me acompañaba nunca regalaba monedas. Debo haber sentido que algo malo estaba pasando cuando se dio vuelta y efectivamente le regaló una moneda a quien la estaba pidiendo. Luego de eso alcanzamos a dar dos pasos antes de que el hombre pidiera otra moneda y que nuevamente quien me acompañaba le diera otra moneda. Ahora ya lo sabía. Algo realmente malo estaba pasando y ya era imposible pararlo. Nos dimos vuelta y ahí estaba este hombre sujetando una pistola, amenazando con matarme si no le entregábamos la cámara. Soy enana, soy mínima, no puedo hacer nada para que no me mate. Si en la selva hay una jerarquía, yo soy lo más bajo en este orden y no puedo hacer nada para que no dispare. Que no me mate, que no me mate, que se acabe, que se vaya. “Saben lo que es una pistola conchetumare” “si te moví, la mato conchetumare” “si gritay la mato conchatumare” “pasa la cámara o la mato conchetumare”. Y así fue. Quien me acompañaba comenzó a entregar la cámara de a poco. Pasó una patrulla de policía, pero no se percataron de lo que estaba pasando. El hombre se empezó a poner nervioso y empezó a exigir más. La plata, el celular y yo con mi mini bolsito cruzado. Preguntaba si teníamos algo más y a quien me acompañaba le quitó todo. Faltó poco para que pidiera hasta su ropa, pero el mini bolsito, con plata y celular adentro, pasó desapercibido. Quiso que lo acompañáramos al callejón en donde estaba realmente oscuro, pero mi acompañante le dijo: “ella es el amor de mi vida, no te podemos acompañar porque ella es todo lo que tengo, por favor déjanos ir”.

(El amor es algo tan extraño. Yo no era el amor de su vida. Pensábamos que sí, pero no fue. Lo que vino después de años fue una relación fracasada en donde yo sabía que no era el amor de mi vida y él sabía que yo no era el amor de su vida, pero la cosa no podía terminar a menos de que fuera con una explosión de pelea en donde alguien tuviera el coraje de mandar a la mierda al otro antes de que nos fuéramos los dos a la mierda. Y eso terminó pasando)

En ese momento las cosas cambiaron un poco, el hombre nos dijo que camináramos tranquilos por el callejón hacia adentro. Que no corriéramos y que no gritáramos “o la mato conchetumare”. Nosotros hicimos caso por algunos pasos más. Hasta que siento un agarrón en mi mano y me veo corriendo por el callejón hasta el otro lado. Lo que viene después es llanto descontrolado dentro de una panadería. Un par de policías, una comisaría y el resto de la noche pidiéndole a Dios que ese hombre cambiara y nunca más le hiciera a nadie lo mismo.

Es mi antes y después. El momento en que paso de ser una persona enamorada del mundo a una persona aterrorizada del mundo. Es el momento en que pierdo la capacidad de vivir sin pensar en nada más. La mente en blanco y los paseos caminando son parte del pasado. Es un castigo no perder la esperanza. Es un castigo creer en el amor y mantenerme optimista frente al mundo. Parece broma que todavía crea en los cuentos de hadas, en el corazón y en la verdad. El mini bolsito lo debo haber regalado. La cámara zenit está llena de polvo en una repisa en mi pieza y las cintas que estaban junto a la cámara cuando me la robaron, me servirían ahora para completar mi tesis.

Me robaron la confianza en el mundo. Ya no sé cómo vivir sin miedo o por último diferenciar entre una persona u otra. La gente de a montones me asusta y el mundo viene de a montones. Esto no se cura, se supera, pero han pasado años y todavía no lo hago. Lo que tengo es un rencor tremendo, contra la persona que me hizo daño, una idea vaga de lo que era antes mi vida, unas ganas tremendas de que no me importe o de saber cómo lo hacen los que viven sin más. Quiero ser como todos y poder tomar el metro, conseguir una pega lejos y tener algo más que contar. En vez de eso vivo en un mundo pequeño y el que entra es porque lo dejé entrar.






Posted on May 16th, 2009 at 3:18 am by Winifrede Walbaum

Nuevo Myspace Aquí





Foco Selectivo
Posted on May 11th, 2009 at 7:01 am by Winifrede Walbaum

La manera en que somos animales es la manera en que somos sexuales. Al encontrarnos teniendo partes ocultas, genitales. Somos sexuales. El resto del tiempo somos perfectos. Seres complejos pensantes, paja mental hermosa – si se puede. Nos arruinamos mientras más pensamos, nos amamos mientras más pensamos. Nos conocemos y nos amamos, how weird is that? Somos la pulpa de este mundo, la sangre de los árboles. Somos animales porque encajamos como leche condensada y limón, comunicándonos en señas que nadie más entendería, con una violencia que construye la misma tierra que pisamos. Somos héroes antiguos, dioses y ángeles. Lisos en todas partes y suaves como mousse de chocolate.

Somos las ganas de tomar cuando ya no queda y las ganas de sufrir cuando estamos cerca. Las ganas de rompernos los huesos y herirnos sin sangre. Los golpes imaginarios. Nos arrasamos. Que orgullo, dios mío, es amar tanto.





Estoy hecha para esto
Posted on May 1st, 2009 at 5:43 am by Winifrede Walbaum

Al final todo. La vida entera, se trata de lograr entender de qué es lo que está uno hecho. Los recuerdos y el día a día se convierten en eso tarde o temprano. Un completo auto-análisis de cada segundo de aire. Y es extraño, porque por más conclusiones que uno saque, la misma vida va borrando hacia atrás y lo que queda es lo que aquí estoy escribiendo, la tos que reaparece con cada cigarro, la certeza de que en unas horas más voy a estar acostada, durmiendo de lado hacia la pared, en General Paz, Buenos Aires.

Hay ciertas casualidades que pintan todo con un tono un poco más místico y las vibras siempre se prestan para ridiculeces. Pasa que aunque me convierta en una vieja loca, no dejo de pensar en eso que dice “No estoy hecho de esto” o “Born into this” (Dylan-Dylan contest, para el que se acuerde). ( The T’s y no más paréntesis) Esos dos se mezclan para moverme el piso. Uno más que otro y los dos más que nadie. Pasa que lo que estoy viviendo ahora no quiero que se acabe y por más buena que sea la vida que me espera, no quiero que nada borre esta inmensa sensación de grandeza. I was born for this. Así la canto and I don’t give a fuck. Eso pasa cuando lo que pasa es más grande que uno.

Me pregunto por qué tan bueno. Porqué a mí. Porqué por qué. Cuando todo es bueno uno se pregunta cuándo viene lo malo y viene, seguro que viene. Solo espero ser tan cabrona para enfrentarlo. Tan mujer para ser como tantas grandes. Una Jane Austen, una Frida Kahlo, Gabriela Peralta, María Dolores Peralta, María Dolores Fernández de Córdova o una Valentina Vladimírovna POR DIOS! Ser y sentir como una persona grande, completa y humilde.

Sé que este texto parte de lo que vi. De lo que no conocía y no quería conocer, no por desinterés sino por miedo. No por malas intensiones sino por miedo. No por las puras, sino por encontrarme con alguien que no me suena. Que efectivamente no conocí, pero conozco ahora y puta que me alegro. Así… Así… Hay cosas que no pregunto porque prefiero darlas por entendido y hacerme la que no me importa. Así… Así… por no escuchar que hubo otro tiempo, por más ridículo que parezca. Mi tiempo atrás no significa ni la mitad de lo que significa este. Aunque pareciera. Aunque fingiera y pocos lo notaran, aunque mintiera y ni yo me diera cuenta. No significaba y ahora me recago porque importa y me sumerjo en posibilidades trágicas que espero no sucedan y el pasado se me aparece reprochando lo que ahora NOT.

Todo importa y lo que viene es lo más cursi que he escrito nunca. Todo importa y todos mis caminos llegaron a Roma, que en otro orden es… if you know what I mean.

Donde estoy me quedo thank you very much. Gracias por asistir y gracias a los que puede que asistan. Over.






Posted on April 24th, 2009 at 11:42 pm by Winifrede Walbaum

cosi

Me bloqueo cuando pienso en las ganas que tengo de decir. De contar y saborear lo que digo mientras lo escribo. No poder es como sacarse una uña. Esa sensación que uno tiene cuando le cuentan algo físicamente doloroso. Esa que siempre va acompañada de una cara arrugada y un sonoro sssss. SSSSe está haciendo oscuro y todavía no tengo ganas de hacer nada. Nada más que estar y sopesar. Pensar y restregarme contra la suerte que tengo. Porque de alguna manera siempre es tan mamón escribir sobre la felicidad que uno siente, sobre las bondades que aparecen sin que uno las pida. Escribir que me lo merezco. Nos lo merecemos por seguir y seguir, por creer que así era. Por darle chances a lo bueno sin darle tanta importancia a lo evidentemente malo. Nos lo merecemos. Y ahora caminar de la mano, sabiendo que estamos caminando de la mano. Mirar por la ventana, aterrizar y recorrer la cuadra. Tomar Nescafé Dolca con leche Suipachense. Las Oreos midnight snack y la cerveza que siempre es más negra de lo que quiero. Tengo tanto Dios. Así nomás, Dios porque CREO, como creo en mí, CREO. Ahora más que nunca despertar en la mañana y pensar en boludeces es lo menos. Despertar en la mañana y preparar un sándwich de jamón y queso es lo más. Pensar en cómo son las cosas es lo más. Porque son y van siendo de acuerdo a lo que espero de la vida. Me sorprende hasta la micro que todos los días se estaciona en frente de la casa. Las risas que son como agua fría en la mitad de la noche y los besos que son como comer con hambre. Me debo a la maravilla de estar enamorada, a la bendición de saber aprovecharlo. A la claridad con que me acuesto y a las manos que saben despertarme.





Changos
Posted on April 21st, 2009 at 9:33 pm by Winifrede Walbaum





« Previous Entries